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El golpe que Pedro intentó

Por Javier Arias

sábado 08 de octubre de 2016, 11:18h

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Lo que ha desencadenado una de las mayores crisis de la historia del PSOE no fue la ambición de un personaje que se creía -pecado más común de lo esperado en la política española- más listo de lo que era en realidad, sino su falta de escrúpulos para conseguir el sillón presidencial, poniendo en riesgo todo el entramado constitucional y la propia estabilidad de España como democracia occidental.

Ha sido, la conjura de un puñado de arribistas para ocupar el poder y transformar el país al margen de las urnas, poniendo en cuestión la democracia y la UE, de la que España forma una parte importante. Es, sin duda, el intento de un golpe de Estado palaciego sobre la ambición de un puñado, la deslealtad de los separatistas, los esfuerzos de agentes al servicio de potencias extranjeras y los errores de un monarca, rodeado de malos consejeros.

Crónica de la preparación

Tras conseguir los peores resultados (90 diputados)de la historia reciente de su partido, Pedro Sánchez no solo no dimitió, ni hizo autocrítica alguna de su responsabilidad, ante la victoria del PP sino que aseguró que “hemos hecho historia y el futuro es nuestro”, afrontando una investidura escasa en contenidos, falta de apoyos y que terminó en derrota. Jamás, el Rey debió ceder a las presiones para permitir la primera investidura fallida de España. Pero, claro, Felipe VI no puede rodearse de carboneros sin que le tizne el hollín.

Las segundas elecciones, en seis meses, ahondaron en su derrota (85 escaños) y acrecentaron la ventaja del PP que pasó a sacarle 52 escaños, sobre los 14 de medio año antes. Aún así, Pedro, con ayuda de sus amigos mediáticos, presentó esa debacle como una victoria porque Podemos y sus confluencias no habían logrado superarle, perdiendo en el camino un millón doscientos mil votos. La única alternativa razonable era facilitar un gobierno del PP, condicionado por una abstención negociada y un control férreo desde la oposición. Pero Pedro no quería ser el único que hubiera sufrido una investidura fallida. Y otros, se dieron cuenta de la oportunidad.

Desde finales de julio, había un marco general de acuerdo. Mientras Pedro decía que “no es no” y que el no iba a encabezar nada, negociaba con Podemos un “gobierno alternativo” en el que aceptaba a cualquiera bajo la consigna de “evitar que Rajoy repita".

El papel de Podemos

En su asalto a la democracia española Podemos tuvo que escuchar una serie de rapapolvos de sus mentores cuando, ante la oportunidad histórica de entrar en el gobierno, se lanzaron a pedir una sarta de exigencias desmesuradas, imposibles de satisfacer incluso para un tipo tan ambicioso y carente de escrúpulos y de sesera, como Pedro.

Iglesias coincide, con él, en creerse más listo de lo que es en realidad casi pensando que estaba en Juego de Tronos, esa serie de fantasías violentas para adolescentes pajilleros, que parece ser la cima de su educación política.

A lo largo del mes de julio, en sucesivos viajes transoceánicos, varios líderes de Podemos tuvieron que recibir las admoniciones de diversos agentes que les recriminaron su falta de nivel político para haber aprovechado la debilidad y ansia de Pedro y haber accedido al gobierno español, fingiendo lo que hubiera que fingir y no dejarle en ridículo haciéndole imposible el pacto. No volverán a cometer semejante error.

Llegan a julio con la intención de asaltar Moncloa. El acuerdo general establece la derogación de todo el entramado regulatorio del PP, en especial las leyes económicas y la revisión del papel internacional de España. Cuentan, con incorporar a los diversos grupos independentistas del Congreso, cuyo acuerdo debe ser secreto. Se adopta la fórmula de “voto no pedido” por el que apoyarían a Sánchez sin que-teóricamente- hubiera ningún acuerdo. La justificación de los separatistas es que “cualquier cosa, mejor que el PP” pero bajo mano se llega a un acuerdo, a fines de agosto, con ERC y la antigua Convergencia para establecer un calendario que asegure la modificación de la Constitución, en varias fases: La primera, una desvirtuación del papel del Senado, en línea con otorgarle un papel meramente territorial y/o pedir su eliminación (en lo que podrían contar con Cs), como modo de barrer el tapón de la mayoría absoluta del PP en esa cámara. Se trataría de encajar, en el texto constitucional, referendos unilaterales de autodeterminación que el Estado español podría reconocer, con ese nuevo gobierno que permitiría la cosoberanía y que no se opondría a la permanencia de esos semi-estados en la UE.

Una posibilidad alternativa, si la primera es demasiado farragosa y encuentra oposición entre la población, es otorgar el permiso- de facto- de su celebración y colocar ante los hechos consumados a la opinión pública. La oferta es acogida con entusiasmo por ERC e incluso por Bildu y los independentistas gallegos, más los catalanistas valencianos y baleares. El horizonte es, incluso, ir más allá, hacia la construcción de una República Confederal, que negocie su posición en la UE, se distancie de la OTAN y la transformación radical de la democracia española.

Otegui, Junqueras y un alto responsable del PDCE, dan su acuerdo a estas maniobras. Todos están convencidos de que tienen la ocasión de cambiar drásticamente el panorama y acercarlo a sus propios intereses. No van a aparecer como firmantes de nada, pero en un plazo no superior a doce meses habría un referéndum consentido en Cataluña, con la anuencia pasiva del nuevo gobierno de Sánchez en Moncloa y que puedan esgrimir, como punto de partida, para una nueva relación con el Estado, en la senda de la independencia dentro de la UE, con el apoyo español.

Un golpe contra la Constitución

Alcanzado el acuerdo se trata de ponerlo en práctica. Rajoy pierde la sesión de investidura, lo que satisface el rencor de Sánchez: ya no es el único de investidura fallida.

Teniendo en cuenta la celebración de las elecciones vascas y gallegas, de resultados previsiblemente adversos, Pedro programa un calendario con todos los resortes de esta conspiración:

- En primer lugar, hay que centrar la atención en un PP corrupto al que hay que desalojar, a cualquier precio. Sánchez se reúne, en los primeros días de septiembre, con sus jueces y fiscales, para calendarizar los procesos en marcha relacionados, directa o indirectamente, con la corrupción del PP, Acuerdan la priorización de algunos, con impacto sonado.

- Hace lo mismo con sus terminales mediáticos y, en el fin de semana del 17 de septiembre, ultiman la ofensiva comunicativa para aprovechar el calendario judicial elaborado. El ambiente es eufórico, en ambos grupos. Algunos ya se ven como ministros y bromean con las diversas carteras que van a ocupar.

- Esa cadena de escándalos, bien aireada, se va a prolongar hasta después de las elecciones regionales, amortiguando los previsibles malos resultados y conduciendo al 1 de octubre, para presentar, ante el Comité Federal, un pacto cerrado que con un Rajoy machacado , los barones no puedan rechazar.

Si todo hubiera salido como estaba previsto, en los últimos quince días de septiembre los diarios, las radios y las televisiones, hubieran abierto sus informaciones con una cascada de casos de corrupción (fuesen ciertos o no), del partido del gobierno, implicando a la mayor cantidad de cargos posibles y, muy especialmente, al propio Rajoy. Papel destacado iba a jugar el “Caso Imelsa”de supuesta corrupción en Valencia y en el que se iba a implicar al Presidente de gobierno, en funciones, pocos días antes de la convocatoria electoral del 25 de septiembre.

Para recibir las últimas instrucciones (y tenerlo lejos del fragor de la batalla,dado lo muy poco que confían en su prudencia política, sus responsables), Pablo Iglesias iba a viajar a Sudamérica junto a su novia, Irene Montero, los días previos al Comité socialista del 1 de octubre. Volvería con un plan de gobierno.

Se destapa el Plan

Pero algunos de los implicados, dentro del grupo socialista, percibieron que el órdago era excesivo. Las llamadas de atención, de diversos servicios secretos, sobre las amistades peligrosas de Sánchez precipitaron los acontecimientos.

Algunos barones empiezan a advertir de esos peligros que pueden llevarse por delante la democracia española, el PSOE y sus propias cabezas. El martes 20 y el miércoles 21 diversos medios de comunicación destapan elementos esenciales del proyecto, poniéndolo al descubierto y suenan las alarmas dentro del propio partido socialista, en el que se empiezan a pedir explicaciones. Sánchez se ve obligado a defender esa posibilidad, sin reconocer del todo la existencia del plan previsto, pero la cascada de informaciones, rumores y desmentidos hace patente la división en el PSOE y el enfrentamiento entre sus dirigentes,

Esa crisis toma cuerpo rápidamente y reduce, hasta su mínima expresión, las maniobras judiciales previstas y su cobertura mediática. Los pesos pesados del partido, alarmados, saltan a la palestra para evitar el golpe.

Felipe González ya había pedido, en julio, abstenerse y facilitar la gobernabilidad de España. Pero la persistencia y el avance de los preparativos del golpe desencadena una ofensiva del grupo PRISA, antaño voz reconocida de los socialistas y hoy sustituido por otros medios más podemizados. Los lectores de El País han asistido, en mes y medio, a multitud de editoriales, columnas de opinión e informaciones contrarias a Pedro Sánchez y la deriva del partido.

La culminación es del propio Felipe y de la cadena SER (del mismo grupo), en la que le llama directamente mentiroso, subrayado por un editorial de El País, calificándolo de tramposo y marrullero.

El jueves 22, la noticia que habían preparado los golpistas judiciales y mediáticos, de largo recorrido (la supuesta implicación, del propio Rajoy, en el caso Imelsa de Valencia), es ahogada por los escándalos y las rupturas dentro del PSOE y el enfrentamiento entre el secretario general y una parte, cada vez mayor, de los barones que se esfuerzan, todavía, en evitar el choque.

El revolcón que sufre Sánchez en Galicia y Euskadi, en cuyas campañas se había involucrado personalmente, no parecen hacerle mella y tras dar carpetazo, sin ni siquiera salir en la noche electoral a dar la cara, se descuelga, el martes 27, anunciando que no piensa dimitir y que va a dar la batalla en el Comité Federal del 1 de octubre, exigiendo la celebración de un Congreso extraordinario, precedido por la recogida de avales, la presentación de candidatos y la celebración de primarias para impedir, de hecho, una nueva sesión de investidura.

Acaricia, todavía, la formación de ese gobierno alternativo con separatistas y chavistas, empleando el recurso a una militancia a la que cuenta que la alternativa es el golpe que propugna o "apoyar a Rajoy", colocando al PSOE al borde de la escisión en lo que él describe como dos bandos.

Todas las presiones para que retroceda son inútiles y reafirma el viernes, tras la dimisión de 17 miembros de su ejecutiva para forzarle a irse, que no va a dar marcha atrás.

El mismo viernes 30, se muestra desafiante, amenaza con recurrir a los militantes y diversas cuentas de su aparato empiezan a movilizar simpatizantes para presionar, en Madrid, a los asistentes a ese Comité Federal. Algunos elementos de Podemos e IU se unen al escrache. Los aparatos de los partidos implicados en el golpe y algunos terminales mediáticos -que ya se veían en los sillones- se dedican a calentar el ambiente y dejan vislumbrar quienes estaban detrás de esa alternativa que hubiera cambiado mucho más que el Consejo de Ministros. Incluso Pablo Iglesias y su novia suspenden su viaje a Ecuador, ante la gravedad de lo que estaba ocurriendo y que daba al traste con unos planes de meses.

Ese motín, de corte peronista, con el que intimidar al adversario interno se complementa con maniobras marrulleras como pretender alterar las credenciales o colocar urnas de tapadillo, lo que desencadena graves enfrentamientos verbales y le hacen perder la votación, con la que se anula la convocatoria de un Congreso, se avala la formación de una gestora para dirigir el partido y se fuerza su dimisión.

Pero Pedro Sánchez deja entrever, en la comparecencia -sin preguntas- de despedida, su intención de continuar dando la batalla, volver a presentarse a las primarias y seguir enfrentando a la militancia contra las direcciones regionales que no le son afines. Sus enfadadísimos medios afines van a extender la consigna de "o se apoya a Rajoy o se le combate con el No" ,en una pelea que solo puede ganar Podemos.

Ciudadanos, a por el hueco

A la vista de lo sucedido y de la inevitable escisión del PSOE, con la consiguiente fuga de votos, algunas voces de Ciudadanos proponen buscar acomodo en ese hueco, con una posición de centro izquierda, defensora de la libre empresa y la economía de mercado, sin vacilaciones sobre la unidad de España y dispuesta a construir una alternativa socialdemócrata al PP.

Para ello, cuenta ya con una parte del aparato que proviene de esa órbita, especialmente en Andalucía y Cataluña y que podría darles mejores resultados que disputarle un voto a Rajoy que siempre lo recupera, ante el avance de los radicales y podemitas.

Es, en el centro izquierda, donde hay espacio libre y votantes huérfanos, no en un centro derecha ocupado por el mayor partido de España, con casi un millón de militantes y una enorme presencia a nivel regional y municipal.

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