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Política

Si el entusiasmo de Podemos en el hemiciclo del Congreso tras ganar Pedro Sánchez la moción de censura pudo parecer tan exagerado que hasta los propios socialistas se miraban entre sí con evidente desconcierto, lo que ha ocurrido después invita a pensar que entre los dos líderes de la izquierda existe algo más que amistad interesada, existe un acuerdo político.
Me da en la nariz que Pedro Sánchez ha conseguido con su “ministro plenipotenciario” Pablo Iglesias calmar a los de la República Catalana, porque eso es lo que se creen que es, un estado independiente, los seguidores de ese nazi conocido por su diminutivo Quim, llamado Joaquín Torra.
La llegada a la presidencia del gobierno de Pedro Sánchez ha llenado las portadas de periódicos y telediarios, pero uno de los primeros actos relevantes ha sido el nombramiento de su consejo de ministros, con el que ha conseguido encandilar a muchos sectores.
En cualquier país desarrollado, cuando se trata de efectuar un nombramiento con rango de ministro, los posibles candidatos, al margen de reunir las características de idoneidad, conocimientos, experiencia, honorabilidad, etc., normalmente son sometidos a una serie de comprobaciones con el fin de evitar posibles sorpresas posteriores, requisito incumplido por parte del actual Gobierno del PSOE en el caso del ya exministro de Cultura y Deporte, Màxim Huerta, con el consiguiente ridículo y merecidas críticas cosechadas.
Desde Nicolás Salmerón, que fue presidente de la República en un breve periodo de un mes en 1873, creo que no habíamos tenido el honor de que un almeriense fuera miembro del Consejo de Ministros de España, salvo el vizconde José Barrionuevo, como ministro de Interior del primer gobierno de Felipe González.
El miedo a ser separada de su único hijo hizo que Olivia Medina, de 81 años, tuviera el coraje de participar en una protesta por las amenazas de Trump contra los “ilegales”.
Hace escasos meses, en diversas ocasiones y cuando el auditorio se mostraba propicio, Rajoy alardeaba de su magnífico estado físico en general, no solo para terminar la legislatura actual que daba por hecho, sino para presentarse a una tercera.
A río pasado y como siempre sucede, serán muchos los que afirmen que el atípico acceso a la presidencia por parte de Pedro Sánchez sin pasar por las urnas era una “jugada cantada”.
Nadie promueve ni financia un referéndum si no es para ganarlo. Afirmación que encaja perfectamente con el organizado por el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, menos en el capítulo pecuniario por entender que todo el esfuerzo publicitario en redes sociales habrá corrido a cargo de los fondos del partido.
En mi Córdoba natal recuerdo cuando a principios de la década de los 70 cada vez que se escuchaban ráfagas de tiros, automáticamente se los relacionaba con enfrentamientos entre algunos de los varios grupos guerrilleros que en aquellos momentos operaban y las fuerzas de seguridad, en mi particular caso por la zona en que residía los varios intentos de ataques contra la Jefatura de Policía o contra la Guardia de Infantería de la Policía de la Provincia de Córdoba son los que más quedaron grabados en mi memoria.
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