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Política

“La mitad de la humanidad se levanta todos los días pensando en cómo estafar a la otra mitad” como dice Alberto Canosa. O dicho de otro modo, “la única certeza que hay en la vida es que siempre hay alguien que nos engaña”.

Por Javier Arias

Lo que ha desencadenado una de las mayores crisis de la historia del PSOE no fue la ambición de un personaje que se creía -pecado más común de lo esperado en la política española- más listo de lo que era en realidad, sino su falta de escrúpulos para conseguir el sillón presidencial, poniendo en riesgo todo el entramado constitucional y la propia estabilidad de España como democracia occidental.

El esperpento de Ferraz ha servido en bandeja al Partido Popular la excusa perfecta para volver a ejercer de “salvapatrias” y forzar la maquinaria avanzando hacia diciembre sin parar en el camino para buscar pactos con un último intento de investidura.

En la Comunidad de Madrid, y por supuesto, en el resto de España, el animalismo se ha convertido en la ideología imperante, apoyado, entre otros, por el genial Risto Mejide y su voto declarado al PACMA, sólo para fastidiar al resto de los partidos, y ha encontrado seguidores hasta en el Partido Popular de Cristina Cifuentes, que por mantener el cargo ha decidido invitar al Metro a los perros para contentar a la izquierda y a los volubles amigos de C´s, que se preocupan más de cualquier cosa para acceder al poder, o impedir el desarrollo del buen gobierno si no lo alcanzan, que del bienestar de las personas.
Ministro del llamado felipismo , con fama de directo, maleducado y rencoroso, José Luis Corcuera ha esperado pacientemente más de 20 años para "cobrarse" deudas con el mundo entero. Perteneciente a la llamada "Vieja Guardia" del partido, vamos, lo que viene a ser los caciques de Ferraz que no son protagonistas, pero no dejan serlo a nadie sin su consentimiento, y que se jactan de reunirse de vez en cuando a comer para tratar , cual sanedrín de sabios, el rumbo que toma o debe tomar el Partido Socialista.

Si el PP no puede formar gobierno por la negativa del PSOE a darle su apoyo, el culpable no es Mariano Rajoy es Pedro Sanchez. Si el PSOE ha conseguido por dos veces y de forma consecutiva tener los peores resultados de su moderna historia el culpable no es Pedro Sanchez, es Pablo Iglesias. Si Unidos Podemos no ha conseguido superar al PSOE en votos y escaños, los culpables no son Pablo Iglesias y Alberto Garzön, los cupables son el Brexit propiciado por el conservador Cameron y el miedo generado por Rajoy. Si Ciudadanos se sigue desinflando en sus ambiciones de convertirse en la referencia del centro derecha español, la culpa no es de Albert Rivera, la culpa es del sistema electoral y de la campaña del voto util protagonizada por Rajoy y el Partido Popular.

La mayoría absoluta del Partido Popular el 12 de marzo del 2000, donde un PSOE cuyo candidato, Joaquín Almunia, había perdido millón y medio de votos respecto a las anteriores elecciones cuatro años antes, y 16 escaños, le hicieron dar un paso desconocido en los tiempos presentes: Presentó su dimisión y se retiró a la vida privada hasta que en el 2004 José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, lo nombró vicepresidente y responsable de la cartera de Competencia.
Llevamos meses observando las reacciones totalitarias de políticos podemitas cuando algún periodista le realiza una pregunta incómoda, como las referencias a Venezuela de sus líderes. Incluso Pablo Iglesias actúa como un auténtico hipócrita negando afirmaciones que están grabadas y corren por las redes gracias a YouTube y demás inventos del siglo XXI.
No me imaginaba que Pedro, Pablo y Albet peregrinaran a Torrejón para confesarse ante el jefe del Imperio, ante el presidente Obama, durante unos escasos minutos. Sólo el tiempo mínimo, pero suficiente, para volver a Madrid a contar que han visto y tocado la mano del Todopoderoso. Quienes fueron testigos dicen que hasta el coletas babeaba de ilusión.
Entre los muchos análisis que se pueden hacer acerca del resultado de las elecciones del domingo, la pérdida de influencia de la izquierda y de la izquierda-a-la-izquierda-de-la-izquierda es, acaso, el más significativo y, para muchos, preocupante. Quien suscribe hace tiempo que piensa que la delimitación de los márgenes entre centro, centroderecha y centroizquierda es prácticamente imposible, y que los perfiles de la derecha ‘civilizada’ y de la izquierda dentro del sistema, que son las que se incluyen en el arco político español, se detienen en la frontera de Bruselas, donde toda voluntad se impone por encima de ideologías convencionales.
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