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Donald Trump

La titulación de ésta nota vale una explicación. En los países anglosajones, también en Israel, el 1 de abril es lo que en España y Latinoamérica es el 28 de diciembre, el Día de los Inocentes, humor y bromas para todos los gustos.

Por todos es conocida la figura de Pablo Escobar. Ahora su hermano, Roberto Escobar, está de plena actualidad por haberse marcado un difícil reto: enfrentarse al todopoderoso Donald Trump gracias a un criptoactivo.

Lo más claro que nos aparece en la nueva política defendida por Trump, y en clara línea asociado con el Brexit, Le pen, Orbán, etc., es la defensa a ultranza del viejo nacionalismo. Que porqué viejo, porque intelectualmente ya está superado. Ya conocemos lo mucho de bueno y lo funesto de malo que ha traído, y más parece de otra época anterior.

No es necesario realizar un minucioso estudio para comprobar a primera vista que a lo largo de la historia todo el funcionamiento de los procesos sociales ha sido cíclico. Estos se han alternado constantemente, por distintos motivos y en función a variadas circunstancias , que a su vez, han marcado la duración de uno u otro ciclo.

Ya es bien conocido que dicho sentimiento es el que adquiere cualquier animal por los distintos sentidos para integrarse con los suyos. Sabemos que un patito sigue al que esté al lado cuando sale del huevo. En el caso de los humanos la pertenencia se adquiere por los afectos de la niñez y el adoctrinamiento de un idioma, unas costumbres, ciertas creencias y una forma determinada de vivir.
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Antes de los comicios el presidente de EE.UU. aseguró que los indocumentados podrían "votar ilegalmente".

Para mí es apasionante comprobar a lo largo de la historia de la especie humana cómo se ha ido desarrollando el equilibrio entre los dos géneros, Masculino y Femenino.

La asociación estadounidense de defensa de los derechos civiles (ACLU) ha presentado una demanda para impedir que la Casa Blanca obtenga datos privados de eventualmente miles de usuarios de Facebook hostiles al presidente Donald Trump.

En cada tiempo y lugar impera una ideología dominante. Ni mejor ni peor. La que se ha impuesto en ese momento porque es considerada por las élites y la mayoría de los administrados como la posible, o la más adecuada, o la que lleva tiempo imperando y aún no ha nacido otra mejor.